martes, 3 de enero de 2012

Miercoles, 4 de enero de 2012

            A primera hora de la mañana las luces muestran espacios acotados, realidades estanco. Uno tiene la impresión afortunada de toparse con escenarios inconexos donde se suceden teatrillos dispares. Luego el despertar definitivo y la velocidad del automóvil los va uniendo y así nace el nuevo día. Hoy, en mitad de la calzada, me he topado con un cadáver. Nada tétrico. No era un cuerpo, era sólo una idea. Nada trágico. No era una vida, era sólo una imagen fallecida. Siempre tuve la impresión de que la suerte no existe pero ese símbolo que rondó mi pasado ha muerto, lo he atropellado con mi coche esta mañana, con el impulso de un nuevo día. La idea tan arraigada en mi de que la suerte no existe rueda sin vida en una cuneta, pues ¿cómo llamar a las cosas buenas que te ocurren repentinamente?

lunes, 3 de octubre de 2011

Lunes 3 de octubre


… todo está quieto en el bosque. Silencio; que ninguna brisa le mueva las hojas. Pues son como estatuas diminutas y crujientes bañadas por un dorado de tramoya. He despertado y abierto los párpados procedente de un sueño reparador y siento que mis brazos albergan la fuerza de mil guerreros. Parece como si la vida se hubiera ausentado un tiempo prudente para volver a nacer. Intuyo que los dioses de... este bosquecillo apartado planean una mejor génesis. Es por ello que todas las energías derramadas por mi devenir, esas fuerzas frustradas, gastadas sin criterio ni éxito, están en mí de nuevo, para mejorar mis acciones. Sólo espero que se anuncie el nuevo y más dulce canto de la inexperta y novel cigarra de este bosque para empezar a vivir una vez más…

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Martes 6 de septiembre

Por la distancia la embarcación es minúscula en un cielo plomizo que se quiebra con rayos inofensivos cuyas luces, a ratos espaciados, salpican los flancos de la nave. Es el afecto que parte. Un cariño grave, redondo, se marcha dejando oscuridad y tormenta. Ahora el alma, esa identidad dudosa, ese peso muerto que arrastra mi intelecto, se derrumba o empequeñece, se apaga y muestra síntomas de cambio. Su color se torna violáceo y oscuro. Contra el muelle la mar caprichosa me tira sus olas con saña. Son espumosas y violentas esas aguas que se confunden en mi cuerpo con la lluvia enojada. La tormenta está desatada e imagino lo pequeña que resulta mi imagen desde la embarcación y tiemblo en el azul que lo domina todo.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Viernes 2 de septiembre (un comentario en Facebook)


‎... en un bosque apartado, donde habita el musgo y la vegetación es abundante, encontré en mí deambular errante, un rincón apartado y arrullado por la música de un arroyo cercano. Allí, contra una piedra centenaria, vi como se golpeaban un...os entes hermosos; supe que se trataba de las ilusiones humanas no materializadas. Como pompas de jabón se quebraban sin dolor sin alterar en nada el sonido monocorde del agua. Impregnaban, sin embargo, de los más hermosos y variados colores a la afortunada piedra. Esta piedra es por ello el objeta más bello de la Tierra…
… y el más triste, sin duda...

miércoles, 3 de agosto de 2011

Miercoles 3 de agosto

Puede que fuera muy de mañana. El arrullo del agua que corre y mis sandalias que quiebran el manto seco del bosque. Coníferas. En el pecho, expectante, un sentimiento que pugna por ser, definir mi estado. En ese instante el frescor de la mañana me arropa como un embozo suave, agradable y antiguo. Ese sentimiento no mencionado quizá sea gratitud. Al llegar al paraje que busca mi recuerdo las aguas del arrollo conforman un estanque, se calman, paran, se funden con un todo y pienso en las religiones de la India y en ese estado benéfico que me sugiere la meditación que nunca practiqué. Allí, en mitad del agua, en el centro de ese todo calmado, está ella, pero no sé quien es. Algunas aves trinan.

martes, 12 de julio de 2011

Martes 12 de julio de 2011

Serpentea entre la aridez. El verdor es escaso y la polvareda cubre la exigua lozanía de raquíticas plantas que subsisten aquí y allá. Pelea con la fuerza del viento, con el peso del tiempo, por mantener sus márgenes. Este camino ya nadie lo recorre, salvo el crepúsculo.[1] Nadie se acerca hasta la aldea. Ni siquiera las aguas del riachuelo que antes pasaban por aquí. No lo transitan ni carros cargados de productos de la ciudad ni el cartero en su bicicleta de antaño. Nadie hay que deba recibir correo. Se cae la aldea sobre sí misma mientras observa como la herida de tierra y piedras insiste en ser testigo de la historia. Un camino que no es transitado es silencio y olvido. Sin embargo esta línea de grosera materia, obstinada, se aferra al ser. Aún debe ser transitado este camino viejo.


[1] Este camino ya nadie lo recorre, salvo el crepúsculo. La frase es la traducción de un haiku de Matsuo Bashoo. (http://www.oshogulaab.com/ZEN/TEXTOS/haikus-BASHO.html)

lunes, 27 de junio de 2011

Lunes 27 de junio

Los girasoles me hablan. Me dicen con sencillez que son amarillos, muy amarillos. Inundan los campos extendiéndose desde ambas riberas del rió de asfalto líquido y pegajoso por el que conduzco. Trigueros. San Juan del Puerto. Girasoles, que son una sabana ligera de un amarillo intenso, que cubren toneladas de tristes aceites y mejores pipas. Girasoles que me recuerdan para siempre una oreja amputada y la obsesión del arte, también lo penoso e inmundo de esto mismo, el arte. Amanecer dorado que se sonroja del dorado de los campos. El sol es una pataleta pálida que, sin embargo, alumbra mi camino. De este lunes repetido en mil lunes que lo preceden recordaré siempre el color de los girasoles parlanchines y este amanecer menor, sin fuerza, incapaz de ser amarillo.